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El dolor de espalda no siempre empieza con un diagnóstico claro. A veces aparece después de un golpe, una mala caída o un gesto aparentemente pequeño. Y, junto al dolor, puede llegar algo todavía más difícil de explicar: el miedo a que no vuelvas a moverte como antes.
Conozco ese miedo porque lo he sentido. No llegué a este trabajo por una carrera sanitaria ni porque siempre hubiera querido dedicarme al cuerpo humano. De hecho, estudié Derecho. Pero un accidente cambió por completo mi camino y me obligó a entender mi espalda desde otro lugar.
Tabla de contenido
- De ser el niño que evitaba correr a descubrir el entrenamiento
- El accidente que me dejó sin poder moverme
- Cuando haces de todo y nada parece funcionar
- La idea que cambió mi forma de entender el dolor de espalda
- Formarme de verdad para ayudar mejor
- El error de querer solucionarlo con más intensidad
- Por qué los resultados importan más que una etiqueta
- Atención presencial y online para mover tu cuerpo mejor
- Qué puedes esperar de un proceso serio
- Cuida la única espalda que tienes
De ser el niño que evitaba correr a descubrir el entrenamiento
No nací pensando en entrenar a nadie. De pequeño era el niño rellenito de clase. En mi pueblo el deporte era el fútbol, así que me apunté como portero. Era la manera más eficiente de participar corriendo lo mínimo posible.
Nada hacía pensar que acabaría dedicando mi vida a ayudar a personas con dolor de espalda. Cuando me fui a Madrid para estudiar Derecho, tenía el gimnasio universitario prácticamente al lado. Me apunté casi por casualidad y aquello acabó enganchándome.
Empecé a entrenar, a jugar al rugby y a ganar fuerza. Por primera vez me sentía bien con mi cuerpo. Estaba fuerte, activo y disfrutaba de moverme. Justo cuando parecía que todo iba bien, llegó el accidente.
El accidente que me dejó sin poder moverme
Un día, volviendo en moto por el centro, tuve un accidente y acabé cayendo sobre un coche. Al principio la adrenalina hizo que no le diera demasiada importancia. Pero dos días después no podía moverme.
Ahí apareció un miedo muy real. No era solo molestia o rigidez. Era pensar: ¿y si esto se queda así para siempre? ¿Y si no vuelvo a moverme igual?
Muchas personas con dolor lumbar, ciática o dolor de espalda viven con esa misma preocupación, aunque no siempre la digan en voz alta. Cuando no sabes qué está pasando, cuando pruebas cosas sin obtener resultados y cuando el dolor condiciona tu día, es fácil empezar a creer que no hay salida.
Cuando haces de todo y nada parece funcionar
Lo lógico fue pedir ayuda. Fui al médico y también al osteópata. Recibí las recomendaciones habituales: antiinflamatorios, reposo y fortalecer la espalda.
Pero yo pesaba 80 kilos y jugaba al rugby. La falta de fuerza no parecía ser el problema. Aun así, hice lo que hace mucha gente cuando aparece el dolor:
- Consultar a diferentes profesionales.
- Tomar antiinflamatorios y relajantes musculares.
- Aplicar frío y calor.
- Intentar seguir entrenando por mi cuenta.
- Buscar ejercicios para fortalecer la espalda.
Nada resolvía realmente lo que me estaba pasando. Es una sensación muy frustrante: llamas a una puerta, luego a otra, y sales igual o incluso peor. Poco a poco puedes llegar a pensar que tu caso no tiene solución.
Yo también llegué a ese punto. Y tomé una decisión: si nadie conseguía resolver mi problema, iba a estudiar hasta entenderlo por mí mismo.
La idea que cambió mi forma de entender el dolor de espalda
Empecé a formarme por mi cuenta, gran parte del material estaba en inglés porque aquí casi nadie hablaba de esto. Y encontré una idea sencilla, pero decisiva: mi espalda no me dolía porque le faltara fuerza. Me dolía por cómo me estaba moviendo.
El cuerpo puede cerrarse, protegerse y compensar. Cuando pierde movilidad o encuentra una limitación, otras zonas intentan hacer el trabajo que no les corresponde. En ese contexto, añadir más intensidad o más fuerza sin recuperar antes el movimiento puede ser atacar el problema equivocado.
La prioridad, en mi caso, era desbloquear ese patrón, recuperar movimiento y enseñarle al cuerpo a moverse mejor. Después tendría sentido fortalecer. No al revés.
Cuando empecé a aplicarlo, mi espalda respondió. Y fue un momento muy potente, no solo por el alivio físico, sino porque entendí cuánto tiempo había pasado tratando de solucionar algo desde el lugar equivocado.
Primero movimiento, después fuerza
Esto no significa que la fuerza no importe. Importa. Pero cuando tienes dolor de espalda, conviene preguntarte primero si tu cuerpo está preparado para tolerar esa carga y si puedes moverte con control.
La fuerza no debería convertirse en un castigo ni en una batalla contra tu cuerpo. Debe ser una herramienta que llega en el momento adecuado, después de recuperar la base que te permite moverte con más libertad.
Formarme de verdad para ayudar mejor
Ahí entendí a qué quería dedicar el resto de mi vida. No lo hice a medias. Invertí alrededor de 25.000 euros y completé dos másteres relacionados con este campo.
Una titulación en una pared no resuelve por sí sola el dolor de espalda. Lo que marca la diferencia es saber observar, comprender qué está ocurriendo, adaptar el proceso a la persona y tener claro qué hacer y qué no hacer.
Eso también exige honestidad. No todos los casos son iguales, no todas las personas necesitan lo mismo y no hay una promesa milagrosa que sirva para todo el mundo.
El error de querer solucionarlo con más intensidad
Montar el proyecto tampoco fue una historia de éxito instantáneo. Los primeros años fueron duros, con ingresos de unos 1.000 euros al mes y muchas dudas sobre si aquello llegaría a alguna parte.
Además, cometí errores. Incluso teniendo más formación, al principio seguía cayendo en algo muy común: confiar demasiado en la fuerza, la intensidad y el esfuerzo bruto. En ocasiones actué de forma imprudente, precisamente como no deberías actuar si quieres revertir el dolor.
Tuve que dejar el ego a un lado y ordenar las cosas. Si ahora estás cometiendo esos mismos errores, no significa que seas incapaz ni que tu espalda esté rota. Probablemente significa que necesitas un proceso más claro y mejor adaptado.
Por qué los resultados importan más que una etiqueta
Con el tiempo, las personas empezaron a mejorar, a compartir su experiencia y a recomendar el trabajo a otras personas. Hasta que ocurrió algo que todavía me impacta: un médico, tras comprobar la evolución de uno de sus pacientes, decidió enviármelo.
Que un médico derive a un antiguo abogado para trabajar el dolor de espalda puede sorprender. Pero al final, lo importante no es el título que aparece en una tarjeta. Lo importante es que la persona mejore y reciba una atención responsable.
También por eso rechacé una comisión que me ofrecieron por cada paciente derivado. El día en que esto se convierte en un intercambio de pacientes, dejas de poner en el centro lo mejor para la persona. Y ese nunca ha sido el propósito.
Atención presencial y online para mover tu cuerpo mejor
Después de 13 años trabajando de forma presencial en Nforma Salud, en Polop, Alicante, el trabajo también pasó al formato online. La pandemia obligó a dar ese paso, pero permitió descubrir algo importante: el acompañamiento online puede funcionar muy bien.
Para mejorar tu dolor de espalda, no siempre necesitas que alguien ponga las manos sobre ti. Necesitas aprender a entender tu cuerpo, recuperar movimiento y saber cómo actuar en tu caso. Esa enseñanza puede hacerse tanto de forma presencial como a distancia.
Hoy, el trabajo presencial y online conviven prácticamente por igual. Eso permite acompañar a personas de toda España, no solo de una localidad concreta.
Qué puedes esperar de un proceso serio
No vas a encontrar promesas de milagros ni discursos de gurú. La forma honesta de trabajar consiste en decirte qué se puede hacer por tu espalda y también qué no se puede prometer.
Si tienes dolor lumbar, ciática, molestias en la columna o dolor de espalda recurrente, lo más útil es revisar tu caso con profundidad y saber desde dónde empezar. No se trata de copiar el ejercicio de otra persona ni de forzarte a aguantar más dolor.
Se trata de entender tu punto de partida y construir un camino con sentido.
El primer paso es resolver tus dudas
Puedes llegar con ilusión, pero también con dudas. De hecho, las dudas son necesarias cuando llevas tiempo buscando respuestas. Si quieres contar tu caso y saber por dónde podrías empezar, puedes escribir directamente por WhatsApp.
Y si quieres comprender mejor por qué aparece el dolor y cómo abordar el proceso paso a paso según tu situación, puedes reservar tu plaza en esta clase gratuita sobre dolor de espalda.
Cuida la única espalda que tienes
Tu dolor de espalda no tiene por qué definir tu vida. El miedo que sientes es comprensible, especialmente si has probado muchas cosas sin resultados. Pero el hecho de que algo no haya funcionado hasta ahora no significa que no exista un camino adecuado para ti.
Cuida tu espalda. Muévela con criterio. Dale tiempo para recuperar lo que ha perdido. Y no confundas hacer más con hacer mejor.
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